Los replays en los juegos de rol son un fenómeno que creo está exclusivamente ligado a Japón. Para quien no conozca el termino hace un tiempo Wachynayn aka Rodrigo García Carmona escribió un par de interesantísimos artículos para Fanzine Rolero sobre el rol en Japón (parte 1 y 2) donde analiza el fenómeno mejor de lo que yo que no he pisado Japón ni nada podría hacerlo nunca. Eso me sirve para advertir que aquí no se analizará nada sino que aprovecho el blog para plantearme “en voz alta” algunas cosas que se me pasan por la cabeza al pensar en esta cuestión.

Los replays vienen definidos en el primero de estos artículos y dicho muy rápidamente son transcripciones de partidas. Ni resumenes ni novelizaciones, sino transcripciones directas de lo que hablan tanto los jugadores como los personajes, con explicaciones de gestos y emociones a base de anotaciones o con smileys. Si nos quedamos en la existencia de los replays realmente no descubrimos nada, estos en formato breve llevan apareciendo en los manuales de rol mucho tiempo, a modo de ejemplos para las tiradas o reglas más confusas (quién sabe, quizás esos ejemplos sean el origen de estos replays, no tengo ni idea) pero el caso es que en los juegos de rol japoneses el peso de estos replays es enorme (en cuestión de páginas ocupadas, para empezar) e incluso se publican y venden por separado, con mucho éxito (para el mercado del rol, quiero decir) llegando a ser más relevantes que los propios juegos.

Me encanta esta ilustración

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Aquí es donde comienza mi fascinación por el tema.

El hecho de que pueda interesar tanto (incluso a gente que no juega al rol propiamente dicho) me hace pensar que si te gusta leer partidas es probable que te gustase jugarlas, con lo que el mercado potencial del rol abarca algo más de lo que parece en un principio. No acabo de visualizar, por otro lado, el motivo de esta preferencia, pues como jugador de rol veo preferible sin lugar a duda el poder jugar a leer sobre ello. Y, ojo, que roleros de sillón hay muchos. Por desgracia puede que tengamos que convertirnos en uno de ellos, ya sea por falta de grupo de juego o falta de tiempo… que es el gran mal de nuestro tiempo, o eso dicen (yo creo que no me falta, es que uso fatal el que tengo). Si hablásemos de falta de tiempo está claro que en Japón no sobra con lo que eso podría justificarlo para ellos, y es muy probable que ese sea un factor relevante pero me quedo con la sensación de que tiene que haber algo más allá de eso.

Nota: de los roleros de sillón vocacionales no hablo, son una especie aparte digna de estudio o.O

Mi fascinación por estos replays me hace pensar, indefectiblemente, en su viabilidad en España (en occidente en general, pero mejor me ciño a lo que conozco y así no digo más tonterías de la cuenta) pero al instante me replico que es tarea imposible, que aquí no interesan esas cosas. En todo caso, me vuelvo a argumentar (soy muy de argumentarme cosas a mi mismo), podrían tener cabida las partidas noveladas, que son más pro, más literatura de verdad, más de bufanda y gafas de pasta, más dignas de nosotros, más a nuestra altura.

Hablando de partidas de rol noveladas no puedo dejar de mencionar mi actual lectura: Siempre amanece por oriente (el primero de la trilogía de la Alianza de los Tres Soles escrita por Roberto Alhambra Sánchez). Permitidme, por cierto, este párrafo para divagar (más) en una pequeña adenda. Una cosa que me gusta (que digo me gusta, me encanta) de Siempre amanece por oriente es que de verdad se nota que es una novela basada en una partida de rol, esto es… se ha respetado la partida en buena medida (no puedo saber cuanto, claro) y no se ha convertido en un ejercicio de onanismo pejotil como hace Salvatore con su elfo oscuro (no digo que Dritzz y sus libros sean una adaptación de rol, solo que es una masturbación literaria que da hasta miedo). Por ejemplo, Roberto nos deleita con una escena de pifias y vergüenzas cuando al inicio del libro vemos a los protagonistas caerse en un río subterráneo uno tras otro y casi ahogarse en un palmo de agua. Ahí es cuando los roleros podemos sentirmos identificados de verdad, es cuando reconocemos las tiradas que siempre fallamos porque todos los puntos se fueron a la habilidad de armas en nivel 1 de Rolemaster (o con fichas recien creadas de Runequest, o lo que os de la gana) sin poder dejar puntos para trepar, atletismo o cosas absurdas como conocimiento de la región. Podíamos combatir como expertos pero cualquier otra cosa terminaba en estrepitoso fracaso. Si no les pasara eso no me creería, ni por asomo, que se trata de una historia basada en una partida de rol. Fin de la adenda.

¿Pero nos interesa tanto la literatura de verdad? En España la lectura, por más que nos pese, no es precisamente la afición mayoritaria (y puede que esto entronque con el hecho de que una afición como el rol ligada a los libros no acabe de normalizarse ni popularizarse) y la literatura de calidad queda muy bien en las estanterías para cuando vienen visitas  pero las audiencias televisivas dan un poco de miedo con los datos que arrojan sobre lo que vemos y preferimos los españoles. Al margen ya de la idiosincrasia española a veces, sin más, nos ponemos muy intensos con lo que es literatura “de verdad”, de la buena, de esa que nos decían que había que leer cuando tu comprabas comics, de esos que alcanzan el título de clásicos y que hay que leer te gusten o no bajo pena de ser tachado de inculto al que hay que pegarle con calcetines sucios en la boca. Y cuando digo intensos lo que quiero decir es insoportablemente pedantes… o quizás algo peor. Como, por ejemplo, en el cine creo que hay literatura para cada momento, edad y lugar. Hay literatura densa y que exige cierta atención pero también sencillas novelas  de aventuras, literatura juvenil (a la que por cierto cada vez tengo más afición y no soy cada vez más joven, más quisiera) y un largo etcétera ya no de géneros sino de tonos. De hecho la denominada novela ligera en Japón tiene un amplio mercado y no puedo dejar de ver cierta conexión con los pocos factores que si puedo asociar al gusto por los replays con los que pueda tener esta literatura (lectura rápida, estructuras sencillas, una historia normalmente rápida que te va llevando por ella sin tiempos muertos, poco exigente en la atención necesaria, no requiere mucho tiempo, etc.)

Entonces ¿son los replays tan ajenos a nuestros gustos y cultura como para que no tengan su hueco en España?

Hace unos años (puf, un porrón) me dediqué a ir resumiendo sobre la marcha las sesiones de mi campaña. El tono de la misma no podía ser más ligero, y aunque no se podía definir como un replay por la falta de diálogos y detalles, creo que estaba bastante cerca de la idea de estos (y si hubiese sabido  de ello habría intentado acercarme mucho más a ese formato, que le resultaba  muy adecuado). En su momento estos logs de campaña tuvieron una acogida aceptablemente buena, hubo gente a la que le gustó lo bastante como para pedirme las notas de la misma para jugarlos con sus grupos o llevarla a su foro. A donde quiero llegar con esto es que si algo tan burdo pudo tener buena acogida no dudo de que un replay en condiciones tendría su público. Porque veamos… ¿no contamos los roleros aventuras y anécdotas de partidas de forma insistente y cansina? Aún no he conocido un grupo que no guste de rememorar partidas, y no hablo solo de hechos acontecidos en el juego, sino historias, chistes y gestas que sin contar la parte tanto de dentro como de fuera de la partida no tendrían sentido (o no tanto). A la mayoría, me incluyo, a bote pronto estos replays nos parecen una “japonada”  de esas que siempre se dice que aquí no funcionarían pero ¿hay tanta distancia entre estas anécdotas de las que hablaba y los replays?

No pienso siquiera en publicarlos y cobrar por ellos (los kami me libren de tal ofensa) pero en un formato digital y fanmade para empezar creo que podrían ser realmente interesantes de conocer. Nos acercan otros estilos de juego, ambientaciones, anécdotas, técnicas de dirección, etc. Y sin duda serían un buen método de comprender lo que es una partida de rol para los pobres normales. Y un alivio para nosotros poder saltarnos esa parte de la conversación cuando alguien nos pregunta por ello (sin necesidad de guías ni sesudas disgresiones).

Admitamoslo, un replay sería sin duda más fiel a lo que pasa en una partida que un módulo (donde nos dan siempre textos de paginas para leerles a los jugadores), un resumen (donde damos rienda suelta al escritor frustrado que llevamos dentro) o una novela por muy inspirada en rol que esté. Sin contar que  en una novela rolera al protagonista no lo puede matar una cabra atada a un árbol pero en un replay, ah, ahí sí… y si morir estúpidamente no es pura esencia rolera es que no se nada de nada de esta afición.