No, tampoco me refiero a esto

No, no me refiero a que el espíritu de Gary Gygax entre en el cuerpo de ningún jugador y le dicte la nueva edición de D&D sino a algo más banal pero igualmente espeluznante y que en muchos casos todos hemos vivido, quizás sin ser conscientes de ello. Esta es una de mis viejas teorías roleras que hace relativamente poco volví a comentar cuando, tras mucho tiempo de trabajar con ellos, puede quedar una tarde con Juan Emilio para tomar un café.

La posesión rolera es un suceso fascinante donde, sin importar la experiencia o trayectoria del jugador, las estadísticas del personaje nos abruman y dominan por completo nuestro pensamiento y acciones. En este terrible conflicto de dominación es rara la vez que la Hoja de Personaje es derrotada y una vez ha clavado sus tentáculos en nuestra espina dorsal su control sobre nuestros actos es total, pero por suerte suele actuar rápido y acaba con nuestro sufrimiento en poco tiempo.

Una de las posesiones más frecuentes suele darse en Magos o Hechiceros en D&D (Pathfinder u otras versiones de OGL) al alcanzar el fatídico nivel 5. En este punto la fuerza de la Hoja de Personaje alcanza puntos cumbre nunca antes vistos, al aparecer en el panorama la Bola de Fuego. Cuando un jugador se encuentra con una Bola de Fuego anotada en su Hoja de Personaje la posesión es prácticamente inevitable, pocos son los afortunados poseedores de una voluntad tal para evitar este terrible suceso. A partir de ahí no importa que esté pasando en la mesa, a nuestros ojos, cualquier solución al conflicto o escena pasa por lanzar una bola de fuego. Como os podéis imaginar las consecuencias son, afortunadamente, nefastas y podemos librarnos de la posesión por la vía simple de inmolarnos junto al problema.

Ahora que el concepto queda claro vamos a profundizar un poco en el tema de las posesiones. En ocasiones nos resulta difícil evadirnos de las estadísticas de nuestro personaje, esto no es otra cosa que la versión rolera del famoso “si eres un martillo todo son clavos” que demuestra que el acechador siempre intenta resolverlo todo con sigilo y mentiras, el hechicero con su lista de conjuros y el espadachín a base de duelos. El hecho de tener puntos fuertes a veces nos ciega a las otras opciones, en la mayoría de ocasiones más evidentes, por el mero hecho de que tenemos la perentoria necesidad de tirar siempre con nuestra estadística más alta o en los casos más normales de posesión con nuestro elemento más nuevo o molón que tenemos que estrenar lo antes posible, no importa nada lo oportuno que resulte.

¿Cómo se puede combatir la posesión? Algunos están a favor de los sistemas con menos mecánicas complejas, aduciendo que los sistemas sencillos o narrativos evitarán que este sistema gane la suficiente fuerza para dominar al jugador. Tiene sentido, si no tengo un poder brillante y tintineante ante mis ojos es menos probable que me encandile, pero a título personal me sucede algo muy parecido a la posesión con estos sistemas. La falta de mecánicas específicas en lugar de liberarme de ataduras me bloquea por la falta de posibilidades reales. Es cierto, puedo narrar la acción como más me guste, pero a la hora de llevarla a cabo la mecánica será igual narre como narre, y en muchas ocasiones siento que no merece la pena el esfuerzo. De hecho es una de mis principales pegas a sistemas tipo FATE y otros así.

Sí alguno de mis escasos lectores tiene algún método para combatir este tipo de comportamiento me encantaría conocerlo, por cierto.


Al margen de este pequeño artículo, aprovecho para señalar que estoy actualizando la sección de personajes del blog, aunque está lejos de estar completa. Espero completarla no más tarde del proximo més y comenzar a añadir personajes nuevos con cierta periodicidad.

También he añadido un foro a la web, este hecho responde principalmente a necesidades personales, y básicamente se empleará para llevar a cabo una partida por foro de La Leyenda de los 5 Anillos, pero aunque requiere registro independiente (aún trabajo en eso) no está cerrado a nadie y cualquiera que quiera decir cualquier cosa es bienvenido.