Hace un tiempo hablé de por qué me gusta cierto juego y desde entonces he publicado unas cuantas aventuras (como esta de Anima, o estas otras de OVA) con un claro componente shonen (algunos dirían anime, pero eso es como decir que una partida es “televisiva”). Esos elementos ya dicen mucho de mi, de mi estilo en el rol y de lo que espero de una partida, ya sea como director o como jugador (papel que no ocupo, por cierto, desde hace un tiempo). Aunque L5R tiene poco o nada que ver con el anime algunos de los elementos que menciono en el citado artículo está muy presentes también en el shonen, y en mis partidas en Rokugan esos elementos son los más destacados, de ahí que en mi particular modo de ver las cosas existe una conexión entre este juego y este estilo de juego.

Mis partidas de rol son una forma de ocio, sin duda, y puede que una vía de escape, pero sobre todo son un medio de reflexión sobre muchas cosas. No intento educar a nadie, no se trata de decirle a nadie que es lo correcto, sino de plantear mis dilemas y aprovecharme del medio para obtener mis propias conclusiones. En una partida de rol puedes ser muchas personas diferentes, puedes ser cosas que nunca podrías ser en la vida real: hechicero, alienígena, incluso un villano… alguien completamente opuesto a tí, explorar los rincones más oscuros y ver hasta donde puedes llegar. Acercarse a la oscuridad del propio alma en un juego como este no tiene consecuencias y nos revela muchas cosas de nosotros mismos, no seré el primero en decirlo y muchos lo han expresado mejor que yo. La cuestión es que hace tiempo que no encuentro necesidad de acercarme a esos rincones oscuros, no me apetece ni busco algo extremo o alejado de mi para contraponerme, aunque un recurso válido e interesante prefiero una aproximación distinta.

Hay cuestiones reales, palpables, que me inquietan desde siempre, y mediante el rol puedo plasmarlas en mis historias, sacarlas a colación y observar lo que otros piensan y hacen con ellas. No se trata de que sean originales y excepcionales… mis inquietudes son, como era de esperar, las de cualquier ser humano: la vida, la muerte, las motivaciones tras los actos, la justicia y su relación con la ley, las decisiones comprometidas, la responsabilidad de actos y decisiones, hacer lo correcto cuando no es fácil, la lealtad, los códigos éticos… por eso mis partidas son como son. Las historias shonen son, en su mayoría, acerca de adolescentes, una época de conflicto, de crecimiento, de formar valores y opiniones, de descubrir como es el mundo y decidir si quieres aceptarlo o cambiarlo. Los personajes pueden ser aún ingenuos e inocentes, pueden tener esperanzas que el mundo aún no ha opacado, deslustrado, con su cruel indiferencia, pueden ser oscuros pero tambien brillantes, honestos y atrevidos, pero tambien cobardes, crueles e injustos. La adolescencia para mi es una época de explosivos acontecimientos, pues todo es intenso, importante y nuevo. Está lleno de primeras veces, de primeras oportunidades, aprovechadas y perdidas.

Es cierto, todo esto no es exclusivo de este estilo, no es que no puedas hacer todo esto en cualquier otro género o trasfondo, pero para mi el marco que ofrece el género es bien conocido, manejable, y con un lenguaje que propicia el drama y la intensidad que espero tenga una partida pero que no desentonará con la habitual jocosidad que puede encontrarse en una mesa de juego distendida.

Muchas veces tengo la sensación de que cuando se exponen dos o tres formas de jugar, dos o tres tendencias o motivos, se está limitando lo que se puede esperar del rol, lo que la gente hace con él. Del mismo modo que cuando se debate si algo es “old school o indie” se está barriendo de un plumazo cualquier otra opción, se saca del tablero la posibilidad de que exista una tercera posibilidad. La mayoría de las veces me siento excluido, o al menos, no muy representado, en la mayoría de clasificaciones roleras que se acercan a los estilos de juego, o a lo que busca la gente en sus partidas. De algun modo esas listas están limitando lo que creo que es algo mucho más abierto y flexible, y por tanto, me siento forzado a exponer a la vista de todos lo que me mueve en las partidas, el género que busco y aplico. Es una forma de mantener a flote algo que parece perderse en las siempre cambiantes corrientes de internet entre conflictos narrativos y tablas de encuentros.

En realidad no importa en absoluto si mis partidas tienen un estilo shonen o me influye la literatura postmodernista (aunque no me cabe duda de que algunos pensarán que una cosa es mejor que la otra), es irrelevante si me enfoco en ser objetivo en la resolución de acciones o que mis personajes sean la molonidad encarnada, al final del día eso es algo que solo me preocupa a mi, y cada cual, en sus mesas de juego, seguirá convencido de tener la clave de como se juega, de verdad, al rol. ¿Por qué entonces este artículo? Bueno, está claro. Poner por escrito y a la vista de cualquiera mis ideas, preferencias y estilos dice y saca a la luz cosas que nunca vería dejandolo en mi cabeza.

Además hay estudiantes de instituto uniformadas con armas de alto calibre

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