Treinta y una historias

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Octubre es el mes de una iniciativa para dibujantes conocida como Inktober. Es un reto que consiste en dibujar una ilustración a tinta cada día de octubre y compartirla en las redes. Se puede trabajar con alguna temática, un listado de temas o cualquier añadido que se le quiera dar para hacerlo más interesante. Como en otros retos similares es una cuestión personal y cada uno adapta el reto a sus preferencias o necesidades como le viene en gana. No es cuestión de competir sino de divertirse, practicar, retomar algo… los motivos son tan únicos y personales como el reto en sí.

Este año el blog “La maldición del escritor” ha decidido convertir este reto de ilustración en un reto de escritura calcando el estilo del Inktober. Un relato cada día de octubre compartido en las redes. Si os interesan los detalles podéis verlo en esta entrada donde lo explican mucho mejor que yo.

Decidí participar.

No fue sencillo. Hace tiempo que lucho con la sensación de estar seco de ideas y falto de talento para la escritura y era algo que me angustiaba. No por el talento, que seguro que es cierto pero irrelevante, sino por lo primero. Adoro escribir. Es algo que había estado haciendo desde muy crío y durante mucho tiempo volqué esa afición en el rol, que para mi estaba muy ligado a la literatura. Y tras muchas decepciones con mis piezas en el rol acabé por sentirme fracasado a muchos niveles. Era incapaz de escribir nada, todo me parecía la misma sarta de tonterías, las mismas historias malas que había hecho una y otra vez. Cada vez que intentaba escribir me sentía un auténtico fraude y las ideas desaparecían si es que alguna vez estuvieron.

El noviembre de hace dos años supuso un cambio en esta situación. Durante el NaNoWriMo escribí una novela en un mes. De acuerdo, un borrador. Joder, es una mierda de novela, en serio, no me hagáis entrar en detalles. Pero la escribí. Cree una serie de personajes que quería conocer, una historia que contar y la lleve de principio a final en esos treinta días. Encontré gente estupenda embarcada en el mismo reto que me hizo creer que tenía algo que contar y me sentí parte de algo. Y no quiero dejar de mencionar que tuve mucho apoyo en casa, sin eso habría sido imposible terminar la historia. Pero volví a hundirme tras eso. Había sido un brillo puntual y estaba de nuevo seco. Me quedaba una última bala, un último disparo pero no había nada más.

Pero cada vez que me siento frente a la pantalla las ganas de contar algo, aunque no sepa el que, regresan. Y este año octubre me ha dado la oportunidad de comprobar si de verdad no me quedaba nada que contar o todavía había alguna idea. Un reto que exige treinta y una historias diferentes. Una al día. Yo no confiaba en poder ofrecer una sola historia y me obligo a intentar contar treinta y una. Era una idea de mierda. Mi clase de ideas preferidas.

Sé que la mayoría de lo que escriba no va a merecer la pena, para mi esto no es concurso, no intento ganar nada ni a nadie. En realidad es más importante que eso. Necesito comprobar algo. Necesito demostrarme algo.

Octubre va a ser un mes importante para mi.