sylvanasUn evento que últimamente me escandaliza es la satanización a la que está siendo sometida Blizzard en los últimos años por multitud de gamers. Cuando yo empecé con esto de los videojuegos cayó en mis manos una copia pirata de Starcraft por el cual sentí amor al primer click.  Blizzard era lo más, todo el mundo amaba a Blizzard, la gente jugaba al Diablo II, y salieron como locos a comprar el Warcraft 3 y el WoW en cuando se puso en venta.

Ahora muchos de esos jugadores cuando les preguntas sobre el tema niegan con la cabeza, alarmados. ¡Cómo puedes pagar por jugar! exclaman algunos refiriéndose al WoW como si la sola idea hiciera salir a los muertos de sus tumbas. Otros si les hablas de Diablo 3 te miran con condescendencia como si hablases del buscaminas, cuando este es un digno sucesor del Diablo, es más, a mi me enganchó mucho más puesto que al menos se han currado más el diseño de enemigos y fases de modo no te encuentras otra vez matando los mismos monstruos pero con distinto color en los mismos llanos desérticos, con un desarrollo clónico como sucedía en el afamado Diablo II. Incluso nos encontramos con un sistema de habilidades más ameno y original.

¿Qué está pasando? La gente ahora habla de que se han vuelto unos sacacuartos cuando sus juegos, nunca especialmente baratos, no han sufrido cambios drásticos en sus precios. Antes te los comprabas y ahora de repente es todo carísimo y horrible. ¡Te están estafando! Yo precisamente me los compro ahora porque con la paga que te daban de adolescente no podías permitirte demasiados juegos originales. Han tenido un par de maniobras sucias como el partir el Starcraft II en tres copias y la cagada con el servidor del Diablo 3 en el lanzamiento pero son cosas bastante recientes, este odio visceral de gamer resentido ya viene de antes.

Sinceramente, creo que no es una cuestión de la propia compañía que, admito, últimamente ha cometido bastantes errores. Pero lo que ha generado esto en mi opinión es la popularidad adquirida últimamente… ¡Todo el mundo jugaba al WoW!  A mí me gusta, creo que está bien que haya más gente con la que compartir mis aficiones y considero un paso adelante la popularización de los videojuegos. Me hizo ilusión saber que una compañera de instituto, que nunca había sentido fascinación por el tema, jugaba. Pero parece que algunas personas tienen que sentirse por encima del común de los mortales.  Como si fuesen tocados por un poder divino y poseedores de un conocimiento especial que les permite jugar a juegos especiales.

Es lo que pasa con los juegos para el gran público. Cosas como Art AcademyCatz (que a mí me encantaban), Los SimsSingstar y muchos otros juegos considerados “casual” parecen tener la condición de no ser “juegos de verdad” . La RAE define el videojuego como “dispositivo electrónico que permite, mediante mandos apropiados, simular juegos en las pantallas de un televisor o de un ordenador”. Es decir, no hay videojuegos de verdad y mentira. Eso es un adjetivo inventado para descalificar cualquier cosa que no sea lo bastante elevada para sus refinados gustos. He de admitir que es molesto que cambien un juego que te gusta enfocándolo “al gran público”, argumento empleado cuando quieres decir “para ver si vendemos más” (véase el Dragon Age 2 que añadieron acción descerebrada restando diálogos y decisiones). Pero la existencia de estos juegos “casual” no es ninguna afrenta a los “autenticos gamers”.  A mí no me gustan los juegos de terror y no por ello los considero juegos de segunda, simplemente no los juego.

Creo que mucha gente está teniendo problemas para asimilar que lo que consideraban feudo exclusivo de una minoría (¡su minoría!) se esté extendiendo y normalizando. Se aferran a esa sensación de élite generacional exclusiva de aquellos que no temían a los ordenadores o a las consolas, que instalaban y desinstalaban sin miedo, descargaban ROMs para emuladores o que jugaban juegos importados del extranjero sin conocer siquiera el idioma que veían en pantalla. Esa peligrosa sensación de élite de aquellos que creen que solo los más inteligentes y capaces pueden acceder a según que aficiones como el rol o los videojuegos, o comprender músicas “alternativas” como el heavy metal.

Sinceramente, he conocido tontos que  tenían todas esas aficiones.